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Fred se sentó en la cómoda butaca con sus palomitas. Una ligera brisa le cosquilleaba la nuca mientras se acomodaba y colocaba todo en su sitio. Al poco, se apagaron las luces y una sonrisa apareció en su cara.
POR FAVOR, FIJE LA VISTA EN EL PUNTO BLANCO EN EL CENTRO DE LA PANTALLA
PROCEDEREMOS A BORRAR SUS RECUERDOS DE LA PELÍCULA EN 10 SEGUNDOS PARA QUE LA PUEDA DISFRUTAR DE NUEVO
SI NOTA MAREO O SOMNOLENCIA, POR FAVOR, PULSE EL BOTÓN ROJO EN EL REPOSABRAZOS
Era 2127, y el borrado selectivo de recuerdos había resucitado la industria del cine. Ante la crisis de ideas y la sensación de que todo había sido rodado ya, a un productor se le ocurrió utilizar un curioso avance de neurociencia- inútil para el público en general y para el que sólo se habían encontrado usos oscuros- para permitir que a la gente no le importase la falta de originalidad del cine. Podían ver la misma película repetidamente y cada vez la disfrutaban como la primera vez.
Pese a las reticencias iniciales, el público comprendió rápidamente que era mejor esto que ver la enésima secuela que conservar su cerebelo intacto.
La estrategia tuvo tanto éxito que en breve, cesó la producción de cine nuevo. Años más tarde, incluso, se comprobó que los cines del mundo apenas daban un centenar de películas diferentes- y curiosamente aquellas cuyos derechos de exhibición habían caducado hace tiempo.
Fred se relajó. Los Caballeros de la Mesa Cuadrada. Si no le fallaban las cuentas, ya la había visto 137 veces. Y siempre acababa con dolor en la barriga de tanto reír. Se echó atrás y se dispuso para las carcajadas.
# 2.
Fred estaba perplejo. Tenía una mueca inexpresiva en la cara, mientras la gente alrededor aún reía o, como mínimo, tenía una expresión risueña y felicidad.
Pero él no se había reído.
Nada.
¿Cómo podía ser? Recordaba haberse reído las 136 veces anteriores. Era una de sus favoritas. Era infalible en quitarle sus preocupaciones.
Fred se incorporó. La verdad es que estaba un poco cabreado. Se dirigió a la taquilla mientras la gente comentaba la jugada a su alrededor.
-No me he reído
-Bueno, -respondió la muchacha distraída- no hace reír a todo el mundo, ya...
-¡Pero la he visto muchas veces!- le interrumpió
-¿Cómo?
-Siempre me hace gracia. Es la mejor comedia que hay. La he visto mil veces
La muchacha se le quedó mirando. Parece que esto no entraba en su guión.
-Lo lamento señor, pero no puedo hacer nada
-¡Devuélvame mi dinero!
-No puede ser. Nadie se ha quejado de la proyección, ni del borrado, ni... nada, en realidad
-¡Pero no me ha gustado!
-Me temo que nunca se ha devuelto el precio de una entrada porque la película no ha gustado. Además, a todo el mundo le gustan los Monty Python...
Fred se indigno. Quería decir algo- y abrió la boca para decirlo, pero no supo qué decir.
-Si quiere puede presentar una reclamación
-Da igual. Muchas gracias, señorita.
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