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Date: Sun, 14 Aug 2005 22:13:00 -0000
From: "koalillo" <koalillo@...>
Subject: cine - Sin City

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El artista del tebeo Frank Miller se alía con Robert Rodríguez para
llevar a la gran pantalla una de las obras clásicas del cómic
reciente. Sin City es un estilizado homenaje al noir más clásico
aderezado con los ingredientes de moda de los 90, que cobra vida en el
cine sin más lastre que los seres humanos no pueden deformarse más que
los trazos entintados.

Sin City son dos horas de ejercicio estilístico visual, todo un
compendio de técnicas del digital para recrear una ciudad de
callejones oscuros y de locales de striptease donde llueve
apropiadamente. Rodriguez y Miller subrayan con luz y color un poco
riguroso blanco y negro que fascina durante todo el metraje y que
puntúa con delicadeza la acción.

Acción, eso sí, no apta para estómagos sensibles.

Una implausible física que nos recuerda quienes son los protagonistas,
los sádicos de un bando atacan a los sádicos con una moralidad
ligeramente diferente del otro bando. Por supuesto, se emplean a fondo
y el resultado es, como mínimo, incómodo pero (y más preocupantemente)
divertido. Las caracterizaciones caricaturescas hacen que anticipemos
los movimientos de los personajes y, por aquello de la necesidad de
sorprender, Miller tira de la truculencia para sorprendernos.

Las comparaciones con Kill Bill son obligadas. En el apartado
estilístico, Sin City parece ganar marginalmente, pero la habilidad
narrativa y de diálogos de Tarantino (que dirige una secuencia de Sin
City) supera a Sin City, que sólo a ratos levanta el vuelo de la
sencillez argumental.

Cabe destacar las interpretaciones, que en el contexto de la
caricatura podían peligrar, pero el oficio de los actores se encarga
de soldificar y acabar de pulir el conjunto. Si acaso, una pequeña
decepción con Clive Owen, propiciada por supuesto por las odiosas
comparaciones con Closer. El resto aceptables, aunque dan ganas de
conocer mejor el transfondo de ciertos personajes.

Imprescindible como ejercicio de estilo, aunque quedan exentos los que
se sientan incómodos con la violencia de celuloide.
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